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sábado, marzo 08, 2008

Slawomir Mrozek o la revolución de lo absurdo


La cartografía del cuento contemporáneo recorre un mapamundi que abarca la sicología de lo cotidiano de los literatos rusos decimonónicos, explota con el boom del argumento fantástico de los narradores latinoamericanos y, por fin, se asienta en el realismo de los escritores del siglo XX estadounidense. Sin embargo, habría que colocar en los anaqueles de los bibliófilos del cuento los títulos de otros autores más alejados de dichas geografías. Slawomir Mrozek (Borzecin, Polonia, 1930) sería, entonces, uno de los indispensables; La vida difícil (Acantilado, 2002) un nuevo libro de cabecera; y La Revolución el cuento que toda antología merece.

Nunca un texto ha podido definir el cosmos literario de un gran autor, como lo es Mrozek. La Revolución, en tan sólo dos páginas, resume una trayectoria, una postura ideológica, un estilo. Adelantaré el comienzo. Se inicia así:

“En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa.
Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí”.

Si seguimos leyendo, veremos que La Revolución contiene todo lo que podríamos decir –y obviar- de Mrozek. El autor polaco es mundialmente conocido por su obra teatral Tango, pero en su biografía se cita su carrera de arquitecto, sus estudios de historia del arte y cultura oriental o sus logros como dibujante satírico. Quizás sea este último adjetivo -satírico- el que mejor califique a Mrozek; el sustantivo que lo define es absurdo.

El relato La Revolución es un texto de voz. En primera persona, un personaje nos va describiendo sus reflexiones a la hora de cambiar los objetos que amueblan su habitación. Trastoca de lugar la cama, el armario y la mesa. Esta recolocación tiene, como consecuencia, un resultado. A veces, acontece un sentimiento de inconformismo, se logra la radicalidad del vanguardismo o bien se llega al mismísimo hecho revolucionario. No hay que perderse el final, tan definitivo.

En este relato, y los subsiguientes de La vida difícil, Mrozek emplea un tono irónico envolvente y es este aspecto lo que le da cierta belleza plástica y, digamos, existencial a sus textos. No en vano, el escritor polaco se suma a las influencias confesas del denominado teatro del absurdo, junto a Eugène Ionesco, Samuel Beckett, Jean Genet, Tom Stoppard, Arthur Adamov, Harold Pinter.

Mrozek, como si fuera el protagonista de La Revolución, traslada las máximas de dicho estilo teatral al género del cuento. Coloca y traslada los argumentos. Una voz envolvente. La importancia del tono irónico. Prima la repetición. Se aproxima a la condición humana desde lo absurdo a través de situaciones y diálogos aparentemente ilógicos. Crea atmósferas oníricas dotadas de extremo simbolismo. Todo ello mediante el sarcasmo –el sarcasmo suma la ironía, la crueldad y la ofensa- que hacen de sus textos una obra de arte.

Pero La vida difícil –y como punta de lanza La Revolución- es una colección de relatos en la que Mrozek también plasma su visión del mundo, éste que él ha conocido. Mrozek es un autor del género absurdo, y por tanto afianzado en la filosofía existencialista, pero su aportación adicional es su feroz crítica hacia las ideologías dominantes. Destroza con la misma cruel ironía el rígido sistema estalinista del que mamó, tanto o más, como repudia el sistema capitalista con el que convive.

Relatos, como El juicio final, lo constatan: trata de un hombre que se muere, llega a un cielo comunista, del que lo expulsan hacia un infierno llamado capitalismo. Otros textos como Una charla sobre la historia contemporánea es una mofa sobre la inutilidad de los regímenes militares (a un general le regalan un mono y el mono, al final, suplanta la figura del general). O el relato Denuncias, que narra cómo un hombre acusa a un vecino de quedarse ciego de “una manera antiestatal”. La colección también incluye desternillantes revisiones mrozekianas de cuentos populares, como Caperucita Roja o la Bella Durmiente, o nuevos simbolismos, casi sin moraleja, para conocidos personajes de fábulas de Esopo.

Slawomir Mrozek, en definitiva. Indispensable. Pero, insisto, si existe un relato de La Vida Difícil que eclipsa a los demás, no lo duden, éste es La Revolución. Lean, si no, aquí. O disfruten del cortometraje de Martín Rosete, basado en dicho cuento.

5 comentarios:

Jose Noguera dijo...

Hola David. Buena reseña sobre un gran autor y un gran libro. Yo ahora estoy terminando La Vida Difícil. ¿Recuerdas que te comenté que podía ser un poco arriesgado empezar un libro por un relato tan demoledor como Revolución porque el resto del libro podría defraudar las expectativa? Pues ya he comprobado que, pese a que Revolución es el mejor del libro y pone el listón muy alto, hay otros relatos verdadermanete magníficos.
Un abrazo. Jose

David el de siempre dijo...

Saludos, Jose. Pues sí. La Revolución eclipsa al resto de la colección pero hay otros cuentos que también definen un tanto al autor y su postura ideológica. EN ciertos momentos, su voz suena a Kafka, sobre todo cuando usa esa peculiar primera persona. Tengo pendiente leer otros títulos también publicados por Acantilado. Ya te contaré. Un abrazo.

El Viajero Solitario dijo...

Llego a este blog siguiendo recomendaciones de otros sitios, y cuál ha sido mi sorpresa al encontrarme con Mrozek.
No conocía al autor hasta hace bien poco, y ha sido precisamemente La Vida Difícil mi bautismo.
Coincido plenamente con tus comentarios. En efecto, La Revolución me parece un cuento magistral, uno de esos a los que se vuelve de tanto en tanto y del que siempre se sale con una sonrisa. Coincido también en que es un riesgo comenzar un libro con este relato, porque puede hacer que parezca que los relatos siguientes desmerecen, cuando se tratan también de magníficos cuentos.

En fin, que me ha alegrado toparme con tu blog. Habrá que seguir leyendo a Mrozek.

David el de siempre dijo...

Gracias, Viajero. Y enhorabuena por el III Premio Diomedea. Ahora estoy rebuscando más libros de Mrozek. A ver si siguen la estela de La vida difícil. Éste es un autor extraño. Me contaba su editor en España que un día estaba con él en pleno Berlín y una señora le pidió si le podía hacer una foto. Que la esperase, que iba a por la cámara al coche. Cuando volvió, dice el editor, que Mrozek se había ido y los había dejado a los dos ahí -al editor y a la señora con la cámara-. Los dos esperando, hablando de cualquier cosa, esperando la vuelta de Mrozek. No volvió, claro.

Grupo Descansa dijo...

Me ha parecido un enfoque bastante comprensible y cercano. Este tipo de relatos son pequeñas piezas que conforman la cultura personal. Haciendo una busqueda de información he hallado su blog. He dejado un enlace a su articulo en my post. Si le pareciera incorrecto, si lo comunica lo sacare.Nada más. Feliciades.
http://tresdecuatro.wordpress.com/2009/03/30/ante-la-crisis-revolucion/